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El RECINTO de Omar González

¿Despertaba acaso?


Hoy me miraba al espejo y honradamente no alcance a reconocer los tintes que ha dejado sobre mí los años, el viento ha despeinado mis recuerdos y me han transformado en un ser que hace apenas unos meses no tenía un rumbo fijo, mis pasos me encaminaban lo mismo al cielo que al infierno, ¿que cuál es la diferencia?... no lo sé,...creo que la vista, porque encontre miles de dulzuras entre las llamas y muchos tragos amargos en besos de las nubes; descompuesto, pregunté casi con desesperación ¡¿quién eres tú que has osado dejarme inerme ante mis sueños?!, respuestas... ni una sola, sólo surgieron unos dedos malheridos por la pluma y poemas rojos que intentaron negociarme las palabras que secuestradas se encontraban ahogadas en mi pecho, de pronto, un grito apareció como un mago de entre el humo, ¿despertaba acaso?.

Rasguñé los suspiros que dejaban su huella ante el espejo nublando mi vista, las arrugas que noté por entre las capas de la cobija de mi cuerpo me hacían recordar que hacía años me veía llorando por mí propio dolor, un dolor que me había hecho a veces fuerte, a veces débil, pero siempre me mantuvo presa de la soledad y la melancolía, una condena que a ciencia cierta, jamás he entendido si he pagado, o más bien ya es mi compañía de por vida.

Un poco de lluvia resbaló por mis mejillas, el llanto esta vez se confundía con diamantes que valen tanto o más que los anhelos, infinito resultó su recorrido que cuando fui capaz de alcanzarlo, me encontraba en ella sumergido, un mar de tristezas que me ahogaba poco a poco y me hacía morir, cuando, torpe de mí, muerto había vivido.

¿Despertaba acaso?, alguien abra los dinteles de mi sombra, porque en realidad no encuentro luz de día cuando entre tinieblas vago cual pordiosero con la mano extendida, ¿despierto o duermo?, miedo maldito de sentirte muerto cuando en vida, sabes la fatalidad que te espera al cruzar la esquina, ¡oh dulce encanto de la noche!, sedúceme con tus manos obscuras y tu aliento de brisa matutina cuando te marchas, deja caer tu vestido negro y cambialo por el azul del alba con manchas amarillas de un sol que cual amante te vigila, y mantenme por siempre entre tus brazos porque hoy, como tantas mañanas, al verme en el espejo no reconozco mis heridas, y al final del día no termino por responderme a esa cuestionable mentira de si ¿moría o acaso despertaba?... no lo sé... y con la soledad en mi mano, puedo atreverme a decirte que no me importa siempre y cuando me tengas por vida en tu regazo.

Omar González Vázquez 7 / Febrero / 2005

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2 comentarios

Trini -

Hola Omar, que bella prosa, que triste. Espero que a partir de ahora veas la vida de otro color más claro.

lunaaaaa -

Bello en forma y fondo.......
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